Passivhaus: una barrera eficaz frente al radón y un aliado clave para la salud en nuestras viviendas
En los últimos años, el radón ha pasado de ser un “desconocido” a ocupar un lugar prioritario en las conversaciones sobre salud y edificación. No es para menos: este gas radioactivo, procedente del terreno y totalmente imperceptible —no huele, no se ve y no se siente—, es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco, según la Organización Mundial de la Salud.
España, además,
presenta zonas con niveles especialmente elevados, como Galicia, Extremadura,
parte de Castilla y León y áreas graníticas del Sistema Central. Por ello, todo
avance que ayude a reducir la exposición en el interior de las viviendas supone
un salto adelante en salud pública.
Y aquí es donde el
estándar Passivhaus empieza a
jugar un papel mucho más importante del que muchos imaginaban.
Pasar de la eficiencia energética a la salud: lo
que revela el estudio
El Estudio de Monitorización de Radón en España
(2025), desarrollado por la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP) y
el CGATE, se propuso algo muy concreto: comparar
los niveles de radón en viviendas Passivhaus con los de viviendas
convencionales sin medidas específicas frente al radón.
Las mediciones se
realizaron durante un año completo, usando detectores pasivos de trazas alfa.
Se estudiaron viviendas de diversas regiones españolas —muchas en zonas con
riesgo elevado— emparejando cada vivienda Passivhaus con otra convencional de
características constructivas similares.
El objetivo era
claro: comprobar si la hermeticidad y la ventilación mecánica controlada,
elementos clave del estándar Passivhaus, podían influir realmente en la
concentración de radón.
La respuesta del
estudio apunta en una dirección inequívoca: el comportamiento de las viviendas Passivhaus es
significativamente mejor en términos de calidad de aire interior y reducción de
radón.
¿Por qué una Passivhaus reduce el radón?
El estándar
Passivhaus no nació pensando en el radón; nació para lograr eficiencia
energética, confort térmico y bajo consumo. Sin embargo, al mejorar la calidad
del aire y reducir infiltraciones, resulta que también actúa como un excelente
sistema pasivo de protección frente al radón.
Estas son las dos
razones principales:
1. Hermeticidad extrema
Passivhaus exige
una estanqueidad muy superior a la de la construcción convencional (n50 <
0,6 renovaciones/h).
Esto significa que la vivienda es prácticamente impermeable a las
infiltraciones incontroladas del terreno, precisamente la principal vía de
entrada del radón.
Menos grietas,
menos filtraciones, menos radón.
2. Ventilación mecánica de doble flujo
Este sistema
renueva continuamente el aire interior sin perder energía, y permite:
·
mantener niveles estables de CO₂, humedad y
contaminantes,
·
equilibrar presiones,
·
y, sobre todo, evitar la acumulación del radón.
El estudio cita
incluso casos europeos donde, cuando la ventilación se desconecta, los niveles
de radón suben muy por encima del umbral recomendado. Con la ventilación
funcionando, vuelven a bajar drásticamente.
¿Qué impacta esto en nuestra salud? Mucho más de
lo que parece
El radón no provoca
síntomas inmediatos, por eso pasa desapercibido. Su peligro está en el daño acumulado en los pulmones con el
paso de los años. En España, se estima que entre el 4 % y el 7 % de las muertes por cáncer de pulmón
están relacionadas con exposición residencial a radón.
Reducir este riesgo
desde el diseño del edificio es una de las medidas más efectivas que existen. Y
aquí es donde los resultados del estudio se vuelven especialmente importantes:
si las Passivhaus mantienen niveles sistemáticamente inferiores, estamos ante un estándar de construcción que
protege tanto la energía como la salud.
Passivhaus como estrategia de prevención: una
oportunidad país
España ya ha dado
pasos normativos con el HS6 del Código Técnico de la Edificación y el reciente
Reglamento de Protección Radiológica, que exigen medidas contra el radón en
muchas zonas. Pero la realidad es que la gran mayoría de viviendas existentes
no cuentan con sistemas específicos que lo eviten.
Passivhaus, sin
embargo:
·
ya incorpora hermeticidad,
·
ya garantiza ventilación continua,
·
y ya mantiene una calidad de aire interior
superior.
Por eso, para la
edificación nueva —y especialmente en zonas de riesgo—, adoptar este estándar
supone avanzar un paso más allá de la
normativa, integrando salud, eficiencia y confort en una única
solución.
Conclusión: un estándar que va más allá de lo
energético
El estudio lo deja
claro: Passivhaus no solo reduce el
consumo energético, también reduce la exposición al radón, uno de los
contaminantes interiores más peligrosos y menos visibles.
Por lo tanto, si
queremos viviendas más saludables, con aire limpio y que protejan a sus
habitantes a largo plazo, el estándar Passivhaus se posiciona como una de las
mejores herramientas disponibles hoy.
Construir bien no
es solo aislar mejor o gastar menos; es cuidar
la salud de las personas que vivirán dentro. Y Passivhaus, sin
proponérselo en sus orígenes, lo está consiguiendo.

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